Pueblos de mar y montaña en Creta

Potamos

Al norte de Creta hay un municipio llamado Malia, que es en realidad el resultado de la unificación de cuatro aldeas: Malia y Stalis en la costa, Krassi y Mohos en la montaña.

La capital del municipio es Malia; con un impactante patrimonio cultural y natural, es al mismo tiempo el centro de la vida nocturna de la región, con clubes nocturnos y bailables concentrados en una franja de alrededor de una milla de largo, entre la playa y la carretera principal del pueblo.

Encontrarán verdadera acción en más de un centenar de clubes vanguardistas, bares con mesitas al aire libre y restaurantes de comida rápida, oriental y de todo el mundo.

Fuera de la zona urbana de Malia se encuentra Krassi, un idílico pueblo de montaña, de hecho el más oriental de la prefectura de Iraklio. Constrido sobre la ladera norte del monte Selena, a 600 metros sobre el nivel del mar, sus 350 habitantes nos esperan con una su plácida serenidad. En el centro de la plaza hay un plátano gigante que, se dice, es el más antiguo de Creta, y una fuente de la que mana agua directamente de los manantiales del monte Selena.

Aquí se puede disfrutar de la más deliciosa y auténtica cocina cretense, preparada con ingredientes puros, café griego y raki de la casa.  El otro pueblo de montaña es Mochos o Mohos: parece detenido en el tiempo, con sus bonitas callejuelas y patios floridos, sus residentes que por las tardes sacan sillas a la calle y se sientan a conversar, hermosas iglesias y capillas blancas decoradas con murales e íconos.

Párrafo aparte para las bellezas naturales de la región. Malia, por su ubicación estratégica, posee todos los hábitats de la isla de Creta; de hecho disfruta un microclima perfecto, pues aquí se encuentra el pequeño lago Lyghará, uno de los pocos de Creta, y la zona de Potamos, un humedal que alberga una gran variedad de aves.

Las gargantas de Potamos cortan verticalmente la isla de norte a sur; la más grande e importante de éstas es la de Samaria, pero en Malia hay algunos barrancos hermosos aunque no tan grandes. Son el hogar de un verdadero paraíso botánico, pues hay especies que sólo podrían sobrevivir aquí.

Si llegas en primavera, te sorprenderá la alfombra de flores de los tres continentes, mientras que las laderas de la montaña, donde se encuentran Krassi y Mohos, perfuman el aire con sus campos de hierbas aromáticas, como la dhiktamos o erontas, que usó Afrodita para curar las heridas de Eneas, de la que Aristóteles afirmó que al comerla las cabras del Monte Ida se salvaron de morir envenenadas, y que en la Edad Media se utilizó para prepara el famoso licor de los monjes benedictinos.

Foto: vía Vanes73



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