Los juegos fúnebres de Nemea, tradición rediviva

Templo de Zeus en Nemea

La prefectura de Corintia se encuentra en la región montañosa del Peloponeso; es un destino turístico muy popular entre quienes adoran el contacto con la Naturaleza y compartir la vida cotidiana de los habitantes de sus pintorescas aldeas.

Precisamente en Corintia se encuentra Nemea, famosa por sus juegos fúnebres que se realizaban cada dos años, coincidiendo con el segundo y cuarto años de cada Olimpíada; formaban parte de los juegos que se celebraban en forma alternada en Delfi, en Isthmia y en Olimpia.

La tradición de estos juegos fue descubierta por una expedición arqueológica dirigida por el profesor norteamericano Stephen G. Miller, y las excavaciones actuales están a cargo del Centro de Arqueología Clásica de Nemea, dirigido por la arqueóloga Kim Shelton, de la Universidad de Berkeley.

Los juegos fueron creados en homenaje al pequeño Ofeltes, cuya historia se relaciona con los Siete jefes que enfrentaron a Tebas.  Los Siete Jefes llegaron a Nemea, agobiados por la sed; los recibió Hípsipila de Lemnos, la nodriza del pequeño Ofeltes, hijo de Licurgo y Eurídice; ella era hija de un rey, pero había sido vendida como esclava a Licurgo.  

Hípsipila condujo a los guerreros a un manantial, y dejó al niño en el suelo, donde fue mordido por una serpiente y murió. Los Siete Jefes, ante esta tragedia, mataron a la serpiente e instituyeron los juegos, pero la furia de Licurgo hizo que el premio fuera una corona de apios y el derecho a matar a Hipsípila. Sucedió que los dos primeros ganadores de los juegos fueron los hijos de Hipsípila, lo cual fue interpretado como un milagro; la esclava fue rescatada y llevada nuevamente a Lemnos.

Los jueces iban vestidos con túnicas grises o negras, representativas del luto; las competencias eran de gimnasia, carreras y música.  Los juegos nemeos fueron muy populares, pero cuando Pausanias llegó a Nemea a comienzos del siglo II, el templo de Zeus y el estadio ya estaban en ruinas.

Para llegar al estadio, que tenía capacidad para cuarenta mil espectadores, los atletas y los jueces debían recorrer un sorprendente túnel de 36 metros de largo desde los vestuarios; fue construido aproximadamente en el año 320 a.C., con una bóveda de arco que permitía hacer una entrada espectacular. Sus paredes están cubiertas de «graffiti»: «Akrotatos es hermoso». Otro lleva la firma del boxeador Telestas, campeón olímpico en el 340 a.C.: «He ganado!»

Los Juegos de Nemea renacieron en el año 2004, basados en esculturas, figuras, documentos y resultados de las excavaciones e inspirados en las enseñanzas de paz y esperanza que tenían.   Si llegan en junio, podrán participar de esta verdadera fiesta, con atletas profesionales y aficionados, música y danza populares.  No dejemos Nemea sin saborear su excelente vino llamado Agiorgitiko, del que más de la cuarta parte se produce en Leodio por su excelente clima y altitud ideal.

Foto: S. Buijsen


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