El monte Quelmo, naturaleza en el Peloponeso

Aunque las playas son uno de los principales alicientes de Grecia, tampoco hay que perder de vista sus incontables maravillas naturales. Buen ejemplo de ello es el monte Quelmo (o Chelmós), que brinda a los visitantes una de las vistas más seductoras y sobrecogedoras de la geografía helena. Recubierto de un frondoso boscaje y atravesado por hondas gargantas, esta montaña pide a gritos un hueco en la apretada agenda del viajero. Así pues, ¿qué tal un paseo por este paraje de cuento?

Sus 2.355 m de altura sobre el nivel del mar lo convierten en la tercera cima más elevada de la península del Peloponeso. Quizás uno de sus lugares más emblemáticos se la célebre garganta de Mavronéri. Salpicada de cascadas en su cara norte, de ella se dice que es la fuente del mítico río Estigia.

Sin embargo, éste no es el único reclamo del monte Quelmo. De hecho, sobre el valle de Feneoú, en su ladera sureste, se eleva el monasterio de Agíou Georgíou Feneoú. A pesar de que fue fundado en 1693, la mayor parte de su estructura fue construida en el ecuador del siglo XVIII. El katholikón, dotado de una altísima cúpula y un crucero, está embellecido con interesantes pinturas al fresco.

Del mismo modo, tampoco hay que dejar de acercarse a otro complejo monástico del lugar: Moní Agías Lávras, que se halla a 6 km de Caláurita y que adquirió un gran protagonismo durante la Revolución griega. En efecto, fue en este lugar donde el arzobispo de Patrás alzó el estandarte de la revuelta el 25 de marzo de 1821. Esta bandera aún puede contemplarse en una capilla que abre sus puertas en el tesoro de la planta superior.

Finalmente, conviene dedicar un tiempo a la cueva de los Lagos, próxima a Kastriá. A pesar de que se tiene noticia de ella desde la Antigüedad, no fue redescubierta hasta 1964. Sus cavidades, repletas de estalactitas formadas por la erosión de un río subterráneo, ofrecen un magnífico espectáculo.

Foto vía: Avragio



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