La prisión de Sócrates, en Atenas

Prision de Socrates

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Sócrates (470-399 a.C.), uno de los filósofos más influyentes de la Antigüedad y maestro del mismísimo Platón?

Pues bien: para todos aquellos que deseen conocer más de cerca su faceta más mundada, Atenas ofrece la posibilidad de acercarse hasta el lugar en el que este sabio permaneció cautivo: la prisión de Sócrates.

La época propicia para descubrir esta atracción es el período estival, un buen momento para conocer el ágora romana y la torre de los Cuatro Vientos. Tras disfrutar de algún tentempié en alguna de las múltiples terrazas que salpican Plaka, y coincidiendo con las horas bajas de la tarde, conviene iniciar la subida hasta la cima de la colina que se alza delante de la majestuosa Acrópolis, sin duda la imagen más emblemática del territorio heleno.

¿El motivo? La posibilidad de gozar de una magnífica puesta de sol. Tras  esta experiencia inolvidable, vale la pena dedicar a unos minutos a la prisión de Sócrates, que se alza en Filopappou, a unos 100 m del extremo suroccidental del ágora (en la parada de metro de Thisio).

De factura tosca y apariencia más que austera (a lo que contribuye la maleza que la recubre y su más que precario estado de conservación), este lóbrego lugar fue testigo de las últimas horas del filósofo tras su condena a muerte, dictada en 399 a.C. O al menos, eso es lo que afirma la tradición, ya que no hay ninguna evidencia que corrobore que Sócrates dio con sus huesos en esta primitiva cárcel ática.

Para argumentar su funesto veredicto, quienes lo sentenciaron a la pena capital afirmaron que Sócrates había despreciado a los dioses y había contribuido a corromper a la juventud griega. Poco imaginaban los autores de este despropósito que el legado socrático sería estudiado por los adolescentes de todo el mundo 25 siglos después de la muerte de su autor.

Foto vía: Fie Waregem

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