La leyenda de Faón y Safo

Safo y Faon

Safo y Faón, de Jacques-Louis David

Cuenta la leyenda que en la isla de Lesbos, un muchacho de nombre Faón, se ganaba la vida acarreando mercadería y viajeros en su barcaza. Una tarde, se hallaba junto al embarcadero de la isla, agotado por las labores de la jornada, cuando una pobre indigente, sucia y desarrapada, con evidente muestra de no poder pagarle el viaje, le pidió que la trasladase a Asia Menor. Faón se sintió conmovido y sin pensar en su agotamiento ni en su paga, echó mano de los remos y llevó a la mujer hasta su destino en menos tiempo que lo habitual.

Al arribar, Faón sacó de su bolsillo la moneda más grande que tenía y se la entregó ala mujer ara que pudiera continuar su viaje. La mendiga le dio como agradecimiento un vaso de perfume. En ese mismo instante Faón compendió que la mujer indigente no era otra que la propia Afrodita y, perplejo por la sorprendente presencia de la diosa, le dio las más expresivas gracias.

De regreso a Lesbos, Faón remaba sin prisas y con gran alegría cuando no pudo controlar más la curiosidad y aún en alta mar, abrió el vaso de perfume. Quedó fascinado por el agradable olor y se refrescó con él la cara, y en ese momento, se convirtió en el hombre más bello sobre la Tierra. Esto asombró a todos los pobladores de la isla. Las mujeres quedaban prendadas de su varonil hermosura y entre todas ellas estaba Safo, una bella muchacha de familia rica y noble que se enamoró de tal manera que ya no podía ocultar sus deseos por él.

Safo lo asediaba continuamente y con sus requerimientos amorosos procuraba ablandar el corazón de Faón, que no manifestaba evidencias de cariño hacia ella. La joven se sirvió de todos los ardides y mañas que los dioses les concedían a las mujeres tan bellas como ella, pero el joven remero seguía sin corresponderle. Desesperada, Safo decidió acudir al salto de Léucades para curarse su mal. Los despechados se arrojaban desde el promontorio de la isla de Léucades para salir luego de sus aguas sin el menor recuerdo de sus males. La joven, con una fe inquebrantable, se embarcó rumbo a Léucades pensando que a su regreso, Faón ya no sería el motivo de su desconsuelo.

El promontorio de Léucades daba entrada en su mismo pie al mar. Allí el agua hervía en un constante remolino. Ningún mortal había salido con suerte de aquel peligroso trance, pero Safo quiso probar la suya y ésta fue idéntica a la de sus predecesores. El remolino la enredó entre sus acuosas garras y Safo desapareció para siempre.

Cabe aclarar que Safo de Lesbos fue una poetisa que vivió entre los años 610 y 580 a.C. y que esta leyenda surge a partir de un fragmento escrito por la propia poetisa a la que más adelante le dedicaremos un artículo completo.

Foto vía: artofeurope

Imprimir

Etiquetas: ,

Categorias: Historia de Grecia, Mitologia griega


Deja tu comentario