Las Erinias, divinidades de la venganza

Orestes acosado por las Erinias, de William Adolphe Bouguereau.

Las Erinias o Euménides eran personificaciones de la venganza, fuerzas primitivas del universo que, como tales, existían desde la creación, antes que los grandes dioses del Olimpo. Su tarea era las de perseguían a aquellos que habían cometido ofensas contra la sociedad y la naturaleza, violaciones de los ritos de hospitalidad y sobre crímenes contra la familia.

Las Erinias surgieron de la sangre de Urano cuando fue castrado por Cronos. Su morada estaba en el Tártaro, dentro del Inframundo, y visitaban la Tierra para castigar a los criminales vivos. Al ser divinidades primigenias, no respondían a la autoridad de ningún dios olímpico, por esa razón, ningún pedido por parte del criminal podía impedir que llevaran a cabo su labor. De hecho, se creía que los mortales no podían castigar los crímenes que correspondían a las Erinias, quienes se encargaban de perseguirle y hostigarle hasta enloquecer. Hoy podríamos relacionarlo con los sentimientos de culpa y remordimiento, siempre y cuando el criminal lo experimente.

La tortura de las Erinias sólo podía detenerse si el criminal era purificado de sus crímenes. El caso más popular es el de Orestes, perseguido por haber matado a su madre Clitemnestra junto a su hermana Electra, en venganza por el asesinato de su padre Agamenón. Sedientas de venganza, las Erinias lo persiguieron sin juzgarlo ni considerar circunstancias atenuantes. Cuando Orestes llegó a Delfos, el dios Apolo le concedió protección, pues él había incitado al joven príncipe a vengar la muerte de su padre y convenció a las Erinias para que aceptaran el veredicto del tribunal de Atenas. Orestes fue absuelto y las Erinias fueron acogidas en la ciudad de Atenas bajo la forma más clemente de Euménides (“benévolas”), para aludir al lado bueno de estas divinidades.

Las Erinias suelen representarse como genios femeninos con serpientes enroscadas entre los cabellos, con látigos y antorchas en sus manos, y llorando lágrimas de sangre. También se decía que tenían grandes alas de murciélago o pájaro, o el cuerpo de un perro. Para su culto, se sacrificaban ovejas negras y se realizaban libaciones de miel y agua. En la legendaria Arcadia había dos santuarios consagrados a las Erinias: uno se llamaba Maniai (“las que vuelven loco”), en el otro santuario su culto se asocia al de las Cárites, las diosas del perdón, donde purificaron a Orestes.

Foto vía: theoi

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Categorias: Mitologia griega


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