Las cataratas del rio Nedas, en el Peloponeso

Cascada Neda

Al sur de la antigua Olimpia, en los límites entre las prefecturas de Ilia y Messinia, en el Peloponeso, se encuentra el desfiladero de Nedas.

La carretera Nacional Patrás – Pyrgos Kalamata sigue el contorno de la costa y el mar Jónico se abre en el horizonte extendiéndose hacia el oeste. Sin embargo, esta zona no se distingue sólo por sus bellezas marinas; detrás de las escarpadas laderas de las montañas al este, se esconde un  misterioso enclave formado por el pequeño pero hermoso río de montaña Nedas.

Se encuentra muy cerca del destino vacacional de Kyparissia, con sus interminables playas, buenos hoteles y el impresionante castillo medieval. Algunos se animan a seguir un estrecho camino de 18 km que va hasta la aldea de montaña Platanias y desde aquí, siguiendo un camino de tierra, llegaremos a la quebrada del Nedas.

La caminata comienza en un viejo puente de piedra sobre el río y el camino se encuentra señalizado y con carteles informativos a lo largo del curso de agua, uno de cuyos brazos se pierde en un oscuro cañón. El camino es dificultoso; nos lleva hasta el borde mismo de la garganta, donde encontraremos una cascada con agua mineralizada debido a las rocas que atraviesa, que cae desde veinte metros de altura hasta el fondo de la garganta.   Demanda entre siete y ocho horas de caminata y cruces del río a pie o inclusive a nado.

El nombre mítico del río Neda se debe a las Náyades, semidiosas del agua dulce que si bien no eran inmortales, vivían muchos años cerca de las nacientes de los ríos y se alimentaban con ambrosía; cuenta la leyenda que Zeus, hijo de Rea, nació de noche en las resecas montañas de la Arcadia; como Rea necesitaba agua para purificarse y bañar al recién nacido  imploró a Gea, la Tierra, que  hizo brotar un manantial que en realidad era una ninfa a quien Rea llamó Neda, considerada por Cicerón como la madre de las cuatro Musas más antiguas.

Neda es el único río de Grecia que tiene nombre de mujer. Encantador e inesperado, puede parecer muy tranquilo y perderse en profundas cuevas, para deshacerse en hermosas cascadas detrás de una curva o formar pequeños lagos de cristalinas aguas color turquesa. Este bellísimo lugar esta prácticamente intacto y nos invita a un excitante juego de los sentidos con la naturaleza virgen.

Foto: vía Flickr

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Categorias: Peloponeso


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