El volcán extinguido cerca de Santorini

Erupción en Nea Kameni en 1950

Si uno está disfrutando de uno de esos maravillosos días de descanso en la isla de Santorini, en el archipiélago de las Cícladas, uno de esos días no puede dejar de realizar una excursión que difícilmente se pueda imaginar y olvidar: la pequeña isla de Nea Kameni, al oeste de Santorini y a unos cuarenta minutos de barco.

Estos barcos de excursión, pues son varios y de distintas características, parten del puerto de Acinios, con un costo aproximado de 20 a 25€, ya sea que se visite o no la isla de Thirassia.

Algunos se asemejan literalmente a buques piratas, y otros, de líneas más modernas y parecidos a grandes yates, tienen la particularidad de tener el fondo del casco vidriado, por supuesto con cristales preparados para soportar le terrible presión del agua, de forma tal que se puede hacer parte o la totalidad del corto viaje observando el fondo del mar por donde circula el navío.

La profundidad no es mucha, los cristales tienen algo de aumento y la transparencia de las aguas es tal que seguramente se pueden observar muy pequeños peces que nadan tranquilamente quince o veinte metros por debajo del barco.

Al llegar a Nea Kameni a unos 300 m de sus costas, el color del mar cambia como separado por una línea recta de un turquesa sobrecogedor a un verde esmeralda posiblemente nunca antes visto. Ese cambio de color se debe a la presencia de sales sulfurosas por la proximidad del volcán, ya extinguido pero que igualmente despide vapores sulfurosos a la atmósfera y sobre todo al mar por grietas submarinas.

La isla está deshabitada, y abonando 3€ por persona se puede ascender en forma de espiral por un sendero rocoso y bastante complicado a la cima del volcán, desde donde se pueden observar tres cráteres: el principal, más grande, y dos secundarios a ambos lados, de menor tamaño pero de iguales características y origen.

Al volver al barco, se hace un paseo por el pequeño islote de Palea Kameni, donde sólo hay una construcción, una pequeña capilla, a la que muchos turistas llegan nadando desde el barco en medio de las cálidas aguas que rodean el islote.

El regreso puede hacerse pasando por Oia, un pequeño pueblo en la punta noroccidental de Santorini, donde se puede apreciar una puesta del Sol que para los viajeros frecuentes es de los más bellos del mundo. Después de más o menos 7 horas de paseo, se arriba nuevamente al puerto de Acinios, con los ojos llenos de paisajes increíbles y el alma rebosante de sensaciones únicas tras uno de esos viajes que te dejan huella para siempre.

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