Nemesis, la diosa de la venganza

Nemesis

El culto a la diosa Némesis se extendió por Asia Menor y Egipto, considerada como la fuerza del Sol para los persas, asirios, babilonios y egipcios, y llegó a Occidente gracias a Orfeo, quien la colocó entre sus principales divinidades bajo el nombre griego de Némesis. Mientras que para Hesíodo era hija de Érebo y Nix, la oscuridad y la noche respectivamente, Pausanias dice que su padre era Océano y Eurípides afirma que la paternidad es del supremo dios Zeus. Pero sean quienes sean sus progenitores, Némesis era una deidad primordial que no estaba sometida a los dictámenes de ningún otro dios.

El primer templo y los primeros altares dedicados a Némesis estuvieron en Ramnonte, en la región del Ática, donde se mantuvo por mucho tiempo antes de extenderse. Su altar estaba en el Capitolio, donde los guerreros dejaban como ofrendas machetes o cuchillas antes de partir para los combates. Pero el verdadero origen del culto a Némesis hay que buscarlo en el temor que sentían los griegos a la cólera divina. Némesis era la diosa de la venganza, pero también se creía que medía la felicidad y la desdicha de los mortales. Ella castigaba la desmesura, incluso si se trataba de Fortuna, ya que podía causar grandes pérdidas cuando alguien era demasiado favorecidos.

Este modo de obrar de Némesis se justificaba diciendo que sólo así la diosa podía demostrarle a los mortales que su condición humana no les permitía ser excesivamente afortunados y que no debían bajo ninguna circunstancia trastocar el equilibrio universal a traves de sus actos, sean buenos o malos. Por ello, algunos escritores griegos presentan a Némesis como las Erinias, de hecho, ellas son quienes persiguen a Orestes para castigarlo por el asesinato de Clitemnestra.

A la hora de darle una imagen, los griegos representaban a Némesis coronada o con un velo sobre la cabeza, cargando una rama de manzano en una mano y una rueda en la otra, o una antorcha, serpiente o espada. También le atribuían alas debido a lo rápida que era, y sobre su corona, una flor de narciso, mientras que los etruscos optaron por una diadema de piedras preciosas.

Sin importa cómo luzca, Némesis era la personificación del sentimiento moral, reprobador de toda violencia y de todo exceso, y como tal, era una diosa tan venerada como temida.

Foto vía: myastrologybook

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Categorias: Mitologia griega


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