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En un intento de olvidar por un momento la difícil situación económica que atraviesa el país heleno, este blog vuelve a hacer una incursión en las islas griegas. En esta ocasión, el lugar elegido son las hermosas islas Diapondía, un enclave formado por tres islas deshabitadas que, sin embargo, consigue fascinar al viajero por sus magníficos paisajes y sus cristalinas aguas de color azul turquesa.
Este archipiélago es el punto situado más al noroeste de Grecia. La más pequeña de estas tres islas es Mathráki, que se halla a menos de 5 km de la costa de Corfú, uno de los grandes destinos turísticos para cualquiera de los cruceros última hora que podéis encontrar. Las otras dos son Eríkoussa y Othoní (en la foto).
A pesar de no figurar entre los lugares más populares entre los amantes de la historia y la arqueología, lo cierto es que las islas Diapondía atesora una dilatada historia. De hecho, en su suelo se han recuperado herramientas de sílex que datan de tiempos prehistóricos. Asimismo, su litoral fue durante siglos un refugio de excepción para los barcos.

A pesar de que la isla de Creta es conocida fundamentalmente por el magnífico palacio de Knossos, no es menos cierto que la más extensa de las islas griegas otros muchos alicientes. Uno de ellos es la población de Rethymno. Aunque en ocasiones anteriores este blog ya se había referido a ella, la propuesta de hoy se centra en los alrededores de esta sugerente localidad.
Para iniciar la ruta, hay que desplazarse hacia el este, en dirección a Pánormos, para alcanzar así la notable villa de Georgioúpoli. Uno de los principales alicientes de este lugar es que ha sabido conservar una atmósfera que transportará al viajero a otra época.
Muy cerca de la misma, además, se despliega el bonito lago Kournás, rodeado de colinas y muy concurrido por el turismo, que acude hasta allí para practicar deportes como el windsuf o el piragüismo.

Aunque ya quedan lejos las Navidades, no son pocos quienes aún están pagando los excesos calóricos de estas fechas. Si es así, una buena solución es recurrir al magnífico recetario que brinda la cocina griega, repleto de deliciosas ideas basadas en la gastronomía mediterránea y poco energéticas. Éste es el caso de la propuesta culinaria de hoy: una sencilla ensalada conocida como anginares me koukia, elaborada con alcachofas y habas.
Además de contribuir a una posible reconciliación con la báscula, lo cierto es que este plato tiene como ingredientes estrella dos de los productos más apreciados por los cocineros griegos: las alcachofas (o alcauciles) y las habas.
Ambos admiten múltiples combinaciones, por lo que se han convertido en una excelente baza para la gastronomía creativa del país heleno. No obstante, por lo que respecta a las habas, es importante que las que se elijan sean pequeñas y que, sobre todo, se les quite la piel exterior, ya que es bastante amarga. A continuación, la receta de este delicioso platillo.

La propuesta de hoy, la sorprendente Delfos, alberga el área arqueológica más cercana a la capital del país, Atenas, de la que apenas distan 176 km.
Poseedor de una fama que bebe de las fuentes de la mitología clásica (durante siglos, este enclave reverenciado en todo el mundo griego como el centro del universo), acercarse hasta este lugar es mucho más que una cita con la historia. Se trata, en definitiva, de un regalo para los sentidos.
Tanto es así que el visitante disfrutará desde el primer momento de la tranquilidad que destila Delfos. Sus tierras bajas, cubiertas de vastos olivares que descienden hacia el mar, le inundarán de una agradable sensación, que le prepararán para empaparse del magnífico legado arqueológico que allí se despliega, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987.

A veces, hay árboles que no permiten ver el bosque. Y esto es precisamente lo que ocurre con las dos atracciones turísticas que centran la atención del post de hoy: los Propileos y el templo de Atena Niké.
En efecto, el hipnótico poder del Partenón resta protagonismo a estas otras joyas de la Acrópolis de Atenas, las cuales también merecen la máxima atención por parte del viajero.
Por lo que respecta a los Propileos, cabe señalar que, en la Antigüedad, estas construcciones conformaban el acceso a la Acrópolis, al tiempo que servían de puerta monumental para el conjunto de los templos que en ella se alzaban.

En anteriores ocasiones, este blog se ha hecho eco de aspectos como la geografía, la historia, la gastronomía y la cultura de Grecia. Ahora bien, dentro de este último bloque, la indumentaria tradicional no había tenido ningún protagonismo… hasta hoy. Es por ello que, en las líneas que siguen, se ofrece un pequeño resumen que permitirá al viajero familiarizarse con esta cuestión durante sus futuras vacaciones Grecia.
En cualquier caso, cabe advertir de que el vestuario en cuestión sólo se usa a diario en algunas zonas rurales y en determinadas islas del Egeo.
En el caso de las mujeres, el vestido principal recibe el nombre de “kavai“. Se trata de un conjunto que comprende una túnica negra —o azul, dependiendo de la región—, tejida a mano y colocada sobre una especie de camisa blanca. Acostumbran a llevar un delantal, un cinturón y un pañuelo atado.

Tras casi 1.000 posts dedicados al territorio heleno, el artículo de hoy ofrece un pequeño recorrido por las características físicas de este cautivador país.
Situada en el extremo sur de la península Balcánica, Grecia da cabida a numerosas islas, de las cuales 90 presentan unas dimensiones considerables. Éstas se reparten a lo largo de la costa griega, bañada por los mares Jónico, Mediterráneo y Egeo al oeste, el sur y el este, respectivamente.
En este sentido, la geografía helena está estrechamente ligada al mar: con la excepción de una pequeña porción al norte, en Macedonia, ningún punto del Estado se halla a más de 70 km del litoral, que supera los 4.000 km de longitud. A su vez, una quinta parte de Grecia está formada por 1.400 islas.

A pesar de que las propuestas de hoy no se cuentan entre las principales islas griegas, sobre todo para irnos de crucero, los tres destinos que hoy se sugieren dejarán un recuerdo imborrable en el viajero: Andros, Ítaca y Limnos. Es por ello que, a continuación, se ofrece un recordatorio de sus características esenciales, con el fin de darlas a conocer entre los seguidores de este blog.
La primera de ellas, Andros, se localiza en el archipiélago de las Cícladas, en el corazón del mar Egeo. Para llegar hasta allí, se aconseja hacerlo en transborador desde la ciudad de Rafina (en la costa ática) o bien desde la cercana isla de Tinos.
De reducidas dimensiones —su superficie apenas supera los 380 km cuadrados, en los que habitan menos de 11.000 personas—, su rasgo geográfico más significativo es que está divida por un amplio valle. A su vez, en las montañas próximas a la capital de la isla (Ciudad de Andros, sita en la costa oriental), se hallan los manantiales de Sariza (en la foto).

La popularidad de la ciudad de hoy tiene que ver con el colorido festival que ésta organiza anualmente, sin duda uno de los más espectaculares de todo el territorio heleno. Con toda probabilidad, los amantes de la cultura griega ya intuyen cuál podría ser. No obstante, no hay que adelantar acontecimientos; de momento, basta con decir que este post conducirá al viajero hasta la siempre interesante localidad costera de Patrás, hogar de 171.000 personas.
Si bien es cierto que esta población de la Grecia central no se cuenta entre las más frecuentadas por el turismo internacional (pese a ser la tercera más importante del país), no hay que perder de vista sus múltiples alicientes, en el que se incluye su notable patrimonio folklórico y monumental, así como su litoral, bañado por aguas de color azul turquesa.
Capital de la antigua prefectura de Acaya (lo fue hasta el 2011), situada en la costa norte del Peloponeso y junto al golfo de Corinto, Patrás debe su riqueza al mar. De hecho, su puerto constituye una infraestructura estratégica para la exportación de numerosos productos hortofrutícolas, entre los que destacan las pasas, las uvas, el aceite y los limones. De ahí que sea conocido como la Puerta Oeste de Grecia.

A veces, es fácil olvidar que la arquitectura cristiana en Grecia tiene una fructífera trayectoria que se remonta a los siglos anteriores al nacimiento de la Iglesia ortodoxa.
Precisamente, éste es el objetivo del post de hoy: ahondar en este interesante momento histórico y referirse a otra de la épocas doradas del arte: las bellísimas construcciones bizantinas. Y qué mejor ejemplo que la localidad de Kastoría, en la periferia de Macedonia Occidental, para ilustrar este tema.
Los diferentes hallazgos arqueológicos realizados en el país heleno demuestran que las basílicas paleocristianas griegas constaban de una nava principal que, en los tipos más evolucionados, podía llegar a tener hasta cuatro naves laterales (nada que ver, por lo tanto, con lo que ocurre en el resto del sur de Europa).